
Me enamoro de las transeúntes,
me he dado cuenta de eso hace unos días y me intriga.
Míralas, van ahí en la calle y se atraviesan,
naturales y puras -fresca belleza-;
sujetas están al semáforo impuesto
al ampelmann de mercado, a la bombilla enemiga.
Van solitas, una a una, y yo me enamoro de ellas y las sigo con los ojos,
se me desprende la vista
en el viento
y ellas se transfiguran lejanas,
lejanas, prohibidas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario