miércoles, 9 de febrero de 2011

Lástima de México

Es curioso ver cómo, en el contexto de los 35mil muertos que ha dejado la guerra contra el narcotráfico, esto de los comentarios ofensivos ha marcado el sentir de los mexicanos. Más que cualquier cosa, nos duele, indigna, ofende que el látigo de la vergüenza venga del exterior y no de nosotros mismos. Nos puede que la ropa sucia no se lave en casa, que piensen mal, que lo digan; nos inunda una indignación sin cura.

El país de las crisis está enojado con la opinión externa mientras su territorio grita las verdades: que en México hay una crisis de seguridad pública sin fin, que no hay empleo, que los derechos humanos son un tema olvidado, que el ejército está en las calles, y que nos carcome poco a poco una depresión insoportable. Pero: "que nadie sepa, que nadie lo diga", aúllan los indignados en sus cuevas.

Aquí, contra la pared, se estremece el televisor; Esteban Arce: "La familia real está llena de alcohólicos". Sí, ¡hay que protestar! Porque parece que es más importante condenar a cualquiera que nos difame, insulte u ofenda; que empezar a ocuparnos en nosotros. Nos enojamos con la BBC y no con Elba Esther Gordillo; condenamos a los que nos llaman flojos, pero estamos conformes con los maestros de primaria que nunca trabajan; ¡nos indigna profundamente que digan que nuestro olor es desagradable!, pero ¿no es cierto?, ¿no estamos ya impregnados de una fetidez de muertos?, ¿no apestan ya los 15mil de este año? México huele a sangre, a basura, a excremento; huele a corrupción, a odio, a miedo. México, ¡lástima de México!

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