miércoles, 8 de septiembre de 2010

Un miércoles


Hoy, como cualquier miércoles, he estado mirando a mi alrededor, como cualquier sábado o lunes o domingo. Hoy es miércoles y el dolor -de incierto modo- se ha escapado de mis huesos, se ha muerto en mis entrañas y desaparecido de mis ojos. Es miércoles, es cierto, y llegas como una nube, navegando en el viento de la tarde moribunda; llegas como un vampiro, sedienta bajo la luna que estalla en el cielo. ¿Y tus ojos? Me miran, descubiertos, calculadores, fatales. Quisiera poder mirarte sin sentir miedo, quisiera poder besarte sin romper mi espejo -el de los días y las noches de buen sueño-, quisiera, por un minuto, que las lágrimas del mundo no salieran de mis ojos, y las líneas de este cuento no obedezcan a mis dedos. Buenas noches.

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