domingo, 10 de octubre de 2010

No me importan los sueños.


No me importa el derrame de horas y horas de mal sueño;
no me preocupa ni el fuego, ni la luna, ni el tiempo.
Quiero poder mirarte entre mis dedos, asustado, con miedo.

No me importa el veneno, ni el oleaje del mar, ni los muertos;
no me importan mis huesos, ni el martirio, ni los débiles.
Quiero poder mirarte huir entre mis dedos.

No me importa la economía, ni las finanzas, ni el gobierno;
no me interesa saber de dónde sale el dinero, y por dónde se sale, tampoco.
Sólo te quiero a ti, bella mía,
en la casa de mis dedos.

No me importa soñar que te vas o que regresas, o que nunca has llegado;
no me importa saber tu procedencia.
Quiero, bella mía, que vivas en la casa de mis dedos.

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